La autoridad ha experimentado distintas tendencias históricas: desde la autoridad moralizante, punitiva en grado máximo, de las religiones normativas que sujetaban al Tercer Estado durante el Medievo, hasta el caudillismo burgués propio de las revoluciones liberales como la Revolución Francesa o el levantamiento de las ciudades italianas en el siglo XVII, pasando por el fascismo  de Franco y Mussolini,  el nazismo de Hitler o el estalinismo, hasta las sociedades totalitarias de Occidente, donde todo cambio cualitativo ha quedado anulado no sólo por el cierre político y epistemológico de las sociedades, en las que todo parece cambiar para permanecer igual, desapareciendo la distinción entre vida pública y privada.

Las tendencias de la autoridad pueden detectarse a través del análisis de las regularidades históricas, de aspectos que cambian respecto al conflicto social y sus expresiones materiales que, gracias a las investigaciones antropológicas del pasado siglo XX, incluyen a la cultura y los signos lingüísticos. Si nos referimos al plano micro-analítico, entonces la regularidad histórica de la autoridad se encuentra en los problemas psíquicos y la evolución de las enfermedades mentales, puesto que la formación de personalidad sigue cursos dialécticos; la tesis (Yo) enfrentada a la antítesis (Ello), ante las exigencias de la realidad social denominadas como el “principio de la realidad”, dominado y subyugado a los flujos y las formas de la autoridad política, que destierra a Eros ante la necesidad de sublimar las energías hacia el trabajo penoso o el ocio enajenado. La represión psíquica supone la materialidad concreta de la autoridad sobre el sujeto;  las inhibiciones y cohibiciones, alineamientos, la pérdida de autonomía, la presión psíquica y la depresión causada por los chantajes emocionales, las coacciones y la pérdida del tiempo libre, constituyen sólo algunos ejemplos de cómo la autoridad política se canaliza a través de la mundanidad del sujeto, y esta “historia de la autoridad” ya fue sistematizada por la filosofía de Foucault, que mostró la transformación histórica de los dispositivos por los que fluye la autoridad según las exigencias materiales de la dominación. Vigilar y castigar (1975) muestra la tendencia totalizadora de la autoridad, habiendo conseguido administrar a los individuos, aislados en cajas de zapatos, y predecir sus movimientos, cosificándolos mediante el instrumental autoritario; el panóptico.

 En la relación objeto-sujeto, la autoridad parece pasar por encima del objeto, habiendo desplazado los términos de la discusión bajo la pre-condición de que la autoridad “es autoritaria” porque supone una relación política entre poderes asimétricos. El poder impone los términos; no dirigiéndose al individuo, su discurso se construye hacia y a partir del sujeto, que cuenta con la identidad y la sujeción a aparatos normativos y punitivos casi desde el momento de su nacimiento.

NOTAS:

  1. Marcuse, H . El hombre unidimensional (1964)
  2. Ibíd.
  3. Ibíd.

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