El caso es que le pregunté a mi padre a qué se debía toda aquella tontería, y mi padre respondió que, calcular la relación entre mi salario y mis rendimientos, suponía efectuar los cálculos como se realizaban en una empresa, así Lanza. Gerardo dice que entonces Marco le respondió a su padre que, de seguir dichos criterios, él, su propio hijo, debería ser despedido de la empresa. Entonces mi padre aseguró que una familia no era una empresa, pero la familia es la institución fundamental del capitalismo, así Lanza, en una familia se transmite la ideología dominante. Los padres difunden la civilización, así Lanza. El muchacho respondió a su padre que él mismo iba a despedirse de la empresa y, en consecuencia, abandonaría la familia. Siguiendo con la conversación, Konrad preguntó si el chantaje emocional que utilizaba su propia madre para doblegarlo…

… chantaje emocional que se había manifestado en varias ocasiones, como cuando la madre de Marco dijo que el muchacho había llegado a casa con las pupilas dilatadas por el efecto de la marihuana y se puso a llorar delante de su hijo y de su novia, que por supuesto no quiso saber más de aquella familia. La madre del muchacho, así Gerardo, se puso a llorar esperando que el joven claudicara y fuera a consolarla, lloraba para vencer sobre él, para que Lanza le pidiera perdón a su madre, así Gerardo, así Lanza, mi madre me había sugerido en alguna ocasión que siguiera con el tratamiento psiquiátrico que había emprendido mi padre, yo me resistía porque los antidepresivos hurtarían mi mundo interior, mi fantástico y excelso mundo interior, mi madre había pedido que ingiriera las pastillas a pesar de que yo me encontraba perfectamente, mas el chantaje emocional de mi madre socavaba mi ánimo, así Lanza, mi madre se cansaba de que yo me rebelara continuamente, la madre de Marco temía que el carácter revolucionario de su hijo la empujara a derrumbar los muros de silencio y a reconocer sus errores, así Gerardo.

Querido amigo, me dijo Marco, perdona que, al recordar este suceso, me encuentre en este estado de excitación, todos mis órganos, cada nervio que recorre mis articulaciones, se encuentran excitados por una revelación; mis padres no me conocen y, si me permites citar a Bernhard, que, creo, sigue siendo nuestro escritor favorito, «toda nuestra existencia no es otra cosa que una existencia concentrada en esas posibilidades, o sea, en cómo, de qué manera cambiaremos, cambiaremos finalmente, ese mundo que no es el nuestro».

El mundo familiar de la familia Prieto se rompió con Marco, el mundo familiar requiere de una continuación, de que los hijos, echados al mundo como bendición y como crimen de nacimiento, abocados al límite que los padres quieran forzar, perpetúen los cimientos de la familia y pongan velas al hogar de la familia, al fin y al cabo, Marco Prieto se preguntó por qué, durante la enfermedad que había sufrido durante la Vuelta al Algarve, su padre le había tildado de hipocondríaco, cargándolo de culpas. Al final, Lanza se alzó con la victoria en el Algarve, castigando su cuerpo, así Gerardo, con dicha victoria el joven se convenció de que realmente se encontraba en un estado de forma idóneo. Las posteriores pruebas revelaron una colitis ulcerosa que debió ser tratada con premura, según su entrenador.

Todo ciclista necesita de un entrenador que libere su talento. El entrenador que marcó la trayectoria de Lanza fue Gerardo Villegas, con quien he consultado la presente crónica. Villegas es un hombre modesto y me ha pedido que lo nombre superficialmente. Gerardo fue un segundo padre para Lanza desde 1996, cuando el muchacho recaló en Kelme, donde coincidió con Óscar Sevilla. Gerardo Villegas era un cirujano de la pista y, aunque muchas veces Lanza no necesitaba que nadie salvo él planificara la estrategia de la carrera o el calendario de la temporada, Villegas presionó al director de Kelme consiguiendo que el equipo se constituyera sobre los liderazgos de Lanza y de Óscar Sevilla.

Gerardo analizaba la competición en la que Kelme se encontrara como un cosmos, analizaba los gestos de los rivales, que a veces teatralizan en la pista pretendiendo engañar a sus adversarios; analizaba los gestos y los precedentes, los escenarios que se producirían si Lanza cedía a la presión o se entrenaba tanto que llegaba pasado de vueltas, si acosado por los aficionados entonces él los espantaba valiéndose del mal genio. Villegas vivía para su trabajo y lo respeto. Nunca he conocido a una persona que se entregara con mayor pasión a su trabajo que Gerardo, con quien trabé amistad a través de Lanza, que me presentó luego de ganar la Vuelta a Portugal.

Como he dicho, respeto que Gerardo viviera para su trabajo, pero, ahora que he vuelto a hablar con él, sobre todo a través de e-mail y por teléfono, parece que sigue trabajando. Se jubiló hace un lustro y sigue cada prueba y conoce cada promesa, recita los componentes de los equipos menos conocidos en el panorama internacional y viaja a Portugal y a Francia y a Holanda. Por supuesto, a mí también me sigue gustando el ciclismo, pero no me apasiona de la misma forma que entonces, cuando dedicaba el tiempo a cubrir la actualidad, cobrando por ello.

Todo se fundamenta en el trabajo, si estás desempleado o jubilado como Gerardo, no importa, continúa trabajando, repara el electrodoméstico que se ha roto, contacto con el servicio de atención al cliente porque la impresora se ha roto o el contador que contiene en su interior, destinado a que el aparato deje de funcionar de funcionar cuando alcance un determinado número de impresiones (obsolescencia programada), ha cumplido su función. La función de todos es que trabajemos sin parar. Sumando las horas que dedicamos al trabajo, más el tiempo que requiere la preparación del mismo y el transporte, si unimos el tiempo en que pensamos en el trabajo y las necesarias horas de sueño y esos otros trabajos a los que nos obligan y que he comentado antes, cómo obtendremos el tiempo necesario para llegar hasta nuestros sueños. Lo que ocurre es que hemos olvidado soñar adentrándonos en la pesadilla de los esclavos, adoptando el discurso del esclavo.

El discurso del esclavo es aquel que se atiene a la realidad, es decir, al campo de lo posible; teniendo en cuenta lo que viene dado; el paro, las familias desestructuradas, el individualismo y la pobreza, lo único que se le ocurre al esclavo es luchar con todas sus fuerzas para formar una pequeña familia (más de uno o dos hijos suponen un alto coste económico), atender a las fluctuaciones y exigencias del mercado de trabajo (como estudiar inglés o alemán) aceptando trabajos precarios que los mercenarios del poder han renombrado como mini jobs o empleos temporales.

Lo único que se le ocurre al esclavo es ubicarse en el plano de abscisas y de ordenadas; el padre de Lanza llega allí, portando una maleta, y se planta en el punto que le corresponde; en un plano cartesiano, el eje de abscisas sería la clase social y el de ordenadas, entonces, la capacidad adquisitiva.

El esclavo se planta allí soñando con que un día podrá reasignar su posición hacia números más elevados (3, 4 ,5…) saliendo así del cero, la pura inopia que suponen el trabajo precario, la esclavitud de no llegar a fin de mes sin sudar ocho horas diarias y la desidia que siente cuando enciende el televisor, el esclavo quiere reasignarse hacia las posiciones que ocupan los burgueses ¡Oh! ¡La clase dominante, que todo lo adapta y controla!

Pero llega un día en que, al regresar a casa, el esclavo deja su sombrero azul en la mesita del hall y entiende que jamás ocurrirá, que seguirá siendo un muerto de hambre, que quizás el objetivo de la vida no consistía en explotarse, disfrutar de una relativa salud, orar al Dios Dinero y formar una familia.

Con todo esto no quiero llamar esclavo a Gerardo Villegas…

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