Trató de despertarla con dulzura, pero como se había adentrado en una profunda fase del tiempo, tuvo que zarandearla un poco. Entonces Uriel abrió sus enormes ojos azules y, en los primeros instantes, se asustó de ver a Balam y le propinó un manotazo involuntario. Después se desperezó y ambos se fundieron en un poderoso abrazo que irradió energía propia, fuerzas para que juntos, sobrevivieran al desafío del Neurobosque. Entonces Balam no pudo resistir el impulso de lanzarse al encuentro de los labios de su compañera e intentó besarla, pero Uriel se apretó con habilidad y disimuló que no había sucedido, para seguir diciéndole lo bien que les iban a ir las cosas, ahora que estaban juntos de nuevo.

— ¡Balam! — dijo Uriel sonriendo— Qué alegría tan grande. ¿Cómo estás?
— Estoy mejor ¿Tú cómo te encuentras? — dijo Balam, recuperado de las migrañas.
— Llegué aquí después de rodear un cañón. Vi un caballo salvaje pero huyó asustado. Seguí el curso del río y llegué a un pueblo, donde conocí la historia de Valery de boca de unos aldeanos, que me indicaron el camino hasta el bosque. Luego hice memoria e interpreté las piedras que llevan los extraños escarabajos de este lugar. Pero encontré a Valery jugando con unos peligrosos jaguares y me asusté tanto que salí corriendo. La niña les dijo a las bestias que se estuvieran quietas y le obedecieron como si hubieran sido gatos domésticos. Los jaguares bostezaron, perezosos— dijo Uriel.
— ¿Dónde está Valery?
— ¿Valery? Balam es amigo mío y quiere conocerte — dijo Uriel.

Al igual que en la explanada de piedras blancas, el viento comenzó a soplar en rachas huracanadas, que levantaban los riscos y ramajes, formando el centro de un huracán en torno al que se iban arremolinando los desperdicios del suelo. El estruendo de las piedras, los arbustos y las ramas chocando entre sí, dio paso a un zumbido sordo. Más tarde, Balam y Uriel contemplaron el rostro atribulado del errabundo fantasma de Valery, que lucía una sardónica sonrisa.

— ¿Por qué habéis venido? — preguntó Valery.
— Queremos llegar al Neurobosque — dijo Balam.
— Yo he sido olvidada. Aunque los aldeanos repitan mi nombre, nadie se acuerda ya de mí. Tú también serás olvidado, dentro de muy poco además, y ansías adentrarte en el Neurobosque para encontrar la fuente de la vida — dijo Valery.
— ¡Pues claro que queremos hallar el agua vital! — dijo Uriel.
— Al menos tu amiga es sincera — dijo Valery, mofándose de forma estruendosa.
— Ya sé que voy a ser olvidado, para siempre. ¿Y qué? Lo importante en la vida, es la vida en sí misma. Me refiero a liberarla de las ataduras y vivir el presente, sin penas ni castigos — dijo Balam.
— Puedes engañarnos a Uriel y a mí. Pero ¿De qué serviría, verdad? — preguntó Valery.
— Balam dice la verdad — dijo Uriel.
— ¿Por qué discutimos en el Alto de los Vientos, Uriel? — preguntó Balam.
— El único recuerdo que conservo es una imagen en la que aparecemos los dos. De fondo se perfila una colina, más allá veo una explanada de piedras blancas. Las tormentas de arena parecen ciudades y pueblos antiguos. Te recuerdo muy alterado, con la cara desencajada; chillas. ¿Me gritabas a mí? — preguntó Uriel.
— Tengo lagunas — dijo Balam.
— Lo más seguro es que la imago debilitara nuestras voluntades, corrompiéndolas. Hace años que somos amigos. ¿Por qué discutiríamos? — preguntó Uriel.
— Por el momento, será mejor olvidarlo — dijo Balam.
— ¿Hacia dónde nos dirigiremos? Las runas indican un doble camino, el que trae hasta aquí y el que devuelve fuera del bosque. Por cierto ¿Por qué los aldeanos pusieron tu nombre a este bosque? — preguntó Uriel.
— Porque vine a escribir mi destino en los hillus — dijo el fantasma de Valery.
— ¿Y por qué escribiste que tu destino era no tenerlo? — preguntó Balam.
— ¿Cómo lo sabes?
— Lo encontré escrito en la rama de un hillus que abrí.
— Quería perderme, alejarme de las palabras ajadas por las gentes que las escupían en el valle como si, al afirmar la idea que tenían de sí mismas, una idea que había sido construida en los cimientos de la justificación de su existencia penosa y gris, se transformaran en personas que creían ser buenas pero que, en realidad, se habían sometido al círculo de la justificación. La sociedad está formada por personas buenas que comenten actos viles porque, en el fondo, son animales domesticados incapaces de abandonar su condición bestial — dijo Valery.
— ¡Pero es terrible que pienses eso! — dijo Uriel.
— ¿Por qué? — preguntó el fantasma de la niña.
— ¿Recibiste una educación religiosa? — preguntó Uriel.
— Sí
— La moral del Acaudalón nos quiere sumisas, atadas y tristes. Pero luchamos por liberarnos; otras personas viven toda la vida enajenadas. Si eres de esta región tan remota de Debian, lo más seguro es que tus padres sean aldeanos, criados en las ideas y prácticas autoritarias — dijo Uriel.
— Mis padres segaron mi destino — dijo Valery.
— ¿Cómo?
— Obligándome a escapar — dijo Valery.
— Ante una situación de sometimiento a la autoridad, lo más adecuado es combatir o abandonar, en busca de una situación más ventajosa — dijo Uriel.
— Pero una niña es incapaz de valerse por sí misma, y más de vivir en el bosque — dijo Balam.
— ¡Mentira! — gritó Valery.
— Estás muerta. Y más vale que nos pongamos en camino — dije.
— Tú también estarás muerto — dijo Valery.
— Claro. Pero antes me gustaría encontrar el Neurobosque — dije.
— Yo conozco su emplazamiento, pero todo tiene un precio. El mío es que, si sobrevivís a vuestro viaje de exploración por el territorio de las sombras, deberéis extender mi leyenda, hasta que vuelva a recodarse mi nombre — dijo Valery.
— ¡De acuerdo! — dijeron Balam y Uriel al unísono.
— Tan sólo debéis convocar a los demonios. Para acceder al mundo de las sombras, gritad muy alto, recordando los malos momentos que habéis pasado en vuestra existencia; no como si los evocarais, sino para crear en vosotros el estado idóneo para someteros al poder de la imago… — dijo Valery.
— ¿Cómo lo conseguimos? — preguntó Balam.
— Sólo abandonaros a los pensamientos oscuros… — dijo Valery.

Uriel y Balam apiñaron unas piedras y las esparcieron por el suelo, formando un círculo. Trataron de convocar al imago, ante la mirada del fantasma de la niña.

— Temo lo que pueda pasar conmigo, es como si no hubiera fondo al que caer; el abismo se encuentra tan cerca que ya puedo sentirlo. Ahí, esperando la caída final y definitiva, que me aparte de la vida. Es la sensación de que los demás todo lo pueden y mi capacidad de acción, ha sido cercenada por la raíz. Y soy preso de los demás, porque no he alcanzado la libertad. La libertad es mi palacio soñado, pero… ¿lo veré en esta vida? Las imágenes vienen a mí, Uriel, la imago fluye. Los recuerdos como argollas pesadas que siguen sujetando, pero el pasado no existe. Y el poder del imago no es real, de modo que aquí me tenéis; sombras. Porque yo no soy nada más que un hombre joven y soñador, y vosotras sois la danza oscura de la noche, y nada más — dijo Balam.

Por su parte, Uriel hizo su invocación de la siguiente manera:

— Sombras, que me habéis llamado desde siempre y que jamás habéis aparecido con el rostro descubierto, huyendo, quitándome la justicia de poder decidir; implicándome en el muro de piedra que se estableció en la conexión con los demás. La soledad de los laboratorios y la persecución por los experimentos. ¿Acaso soy culpable? ¿Por qué vienen a mí los recuadros de una mañana triste, terrible como las metas inalcanzables? Pero yo no soy una mujer de metas inalcanzables y he venido a alzarme, imago. Reconocido el poder que me has arrebatado, te exijo que te manifiestes — dijo Uriel.

De pronto, una línea de fuego se abrió en el horizonte, dando lengüetazos y desprendiendo ascuas. El humo ascendía como una cola de caballo negro.

— ¡Ahora, adentraos en la sombras! — dijo Valery.

CONTINUARÁ

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