PATTI.

            Arregló las cañerías del A12. Se hallaban obstruidas por una masa de suciedad y pelambrera que tuvo que retirar; otras, sin embargo, no funcionaban porque estaban oxidadas y goteaban. A Lance le llevó bastantes horas lograr que el agua volviese a fluir correctamente por la casa de Colby.

Luego de recibir los agradecimientos del muchacho, se dispuso a volver a la cama. No había descansado antes que se sonase el despertador. En los últimos tiempos no dejaba de imaginarse junto a mujeres despampanantes. Las hacía el amor en cualquier posición. Por delante y por detrás. Asía sus grandes pechos y rodeaba las aureolas de sus pezones. Lamía su sexo y escuchaba sus gemidos de placer. No podía dormir.

            Barruntaba en qué actriz pensar para excitarse al tiempo que advirtió que Patti le dirigía un saludo. Se trataba de la nueva residente. Apenas llevaba un mes en Blue Place.

— Hola, Lance – dijo la mujer.

— ¿Qué tal? – Preguntó el conserje.

Dejó las herramientas en el suelo.

— Genial. Sois todos muy amables.

Lucía unas visibles ojeras.

— Me alegro. Ya sabes, si necesitas cualquier cosa, aquí estoy.

— Quizás…

— Dime.

— Quizás quieras venir un día a tomar el té.

La mujer sonrió.

— ¡Oh! ¡Claro!

            A pesar de las indirectas, el hombre no captaba el mensaje. Patti había abandonado a su marido y anhelaba empezar una nueva vida alejada de los fantasmas del pasado. A veces sus hijas llamaban para informar de su situación: la mayor seguía estudiando y con buenas calificaciones, pero la pequeña se encontraba inmersa en un bache. Aquel tipo por el que les había abandonado, a ella y a John, incumplía las exigencias mínimas del matrimonio.

            Ya tenía una edad y desechaba la idea de quedarse sola. Se aburría y extrañaba al que legalmente seguía siendo su esposo. Quizás no hubiese sido infiel. Él lo afirmaba con el mayor de los convencimientos. Quizás mentía. Quizás cometió un error al abandonarlo a su suerte. Allí la gente resultaba amable y el conserje atraía su deseo. Pero era distinto.

            Cerca de ese lugar, en la conocida como Montaña Azul, había perdido la virginidad con John. En las faldas de los montes acamparon e hicieron el amor con torpeza. Ese constituía su único recuerdo agradable de John.

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